DESAPARECIDO EN COMBATE


TOTAL8 pagina 23 (falten notes a peu de pagina) Había una vez un tipo llamado Joe Vulcano. Pasaba el día machacándose en el gimnasio, estaba hecho un gorila. Su musculatura rallaba lo aberrante, era increible. Fue a un cásting para hacer una película de La Masa y le desecharon por ser demasiado musculoso. Pero es que la cosa no acababa aquí, no contento con sus quince horas diarias de pesas, Vulcano le metía caña a los esteroides. Tragaba más pastillas que un abuelo: hormonas, anabolizantes, proteína, insulina, cocaína... se lo metía todo. También seguía un severo régimen: sólo comía pasta y huevos (quince al día). Había sido mister todo: mister universo, mister olimpia, mister gorila de la selva... todo.
Y todo le iba de puta madre, lo único que le preocupaba un poco era tomar tanto esteroide y tanta pastilla, algún que otro efectillo secundario sí que tenían: le habían salido algunos bultos en el cogote, le salían tetas y se le caían los dientes y el pelo. Pero bueno, a él lo único que verdaderamente le importaba era la expansión imparable de esa grotesca masa de músculo y carne a la que resultaba dificil ya llamarle cuerpo.
Y así prosiguió el discurrir anabólico de nuestro amigo Joe Vulcano hasta llegado un buen dia en el que sintió unos sospechosísimos pinchazos en la cabeza (nueve con dos en la escala Dureiev¹). Era reacio² a ir al médico pero ante la insistencia de los dolores, no tuvo más remedio.
El segurata social le inspecciono visualmente nada más entrar a su consulta:

– ¿Toma usted algún tipo de sustancia digamos... poco recomendable para la salud?
– ¿Me está llamando drogadicto y putero doctor?
– Cálmese, era sólo una pregunta. Además, lo de putero se lo ha dicho usted solo. Está bien, túmbese sobre esa camilla.

Vulcano obedeció y el simpático señor doctor le palpó un poco la cara así como si supiese lo que estaba haciendo, para dárselas de experto. Cómo les gusta palpar a los médicos. Palpar y auscultar. La mayoría de ellos estoy seguro de que lo hacen porque lo han visto hacer en la tele. En realidad cuando llega la hora de saber qué demonios le sucede al bastardo del paciente siempre recurren a lo mismo:

- Señora enfermera, prepare la sala de rayos, vamos a hacerle a este señor algunas radiografías.

Y éstas algunas radiografías iban a revelar la fatalidad a la que se vería abocado Joe Vulcano: un tumor cerebral del tamaño de una pelota de balonmano ocupaba la totalidad de su intracráneo³.

– ¿Voy a morir doctor, voy a morir?
– Hombre, usted ha vivido veinticinco años sin prácticamente cerebro, ¿quién dice que no pueda seguir haciéndolo?
– Doctor, no quiero pensar que me está usted vacilando, pero es que me lo parece. Y si es así, ya se puede preparar porque le voy a mamporrear hasta el reviente¹¹.
– Vale, vale, cálmese señor... – el médico no recordaba su nombre. Echó un vistazo rápido a la ficha que estaba encima de la mesa sin ni tan siquiera mover la cabeza. Se las vio y se las deseó para ahogar la sonrisita que se le escapaba al leer el nombre del tipo ese – ...señor Vulcano. No le estoy vacilando, era una bromita para rebajar la tensión.
– Respecto a su pregunta, – prosiguió el doctor – debo contestarle que tiene un noventa y nueve coma nueve por ciento de posibilidades.
– Bueno, no es tan grave joder, me había asustado
– Noventa y nueve coma nueve por ciento de posibilidades de morir, claro. El otro cero coma uno por ciento restante son posibilidades de que se quede usted en el estado que los médicos denominamos vegetal in brutalita totalae²², o lo que es lo mismo, que no podría mover ni una puta pestaña. Pero tranquilo, esto no sucederá, lo más seguro es que muera.

– ¡Diós mío, nooo!

Y murió a los pocos días en el gimnasio. Mientras trataba de levantar una barra de 850 kilos de peso su cerebro gritó ¡anda y que te jodan! y estalló en mil pedazos.

Durante toda su vida Joe Vulcano se había dedicado tanto a cultivar su cuerpo que se había olvidado de su pobre cabecita. El cerebro se le atrofió a base de pastillas y deshuso y acabó siendo sustituido por una enorme masa tumoral, inconfundible cuño de la muerte que reza este tipo es mío a quien por delante pasa y lo sabe leer.

FIN

¹ Ver Hombre blanco soltero encuentra

² Reacio: creo que el noventa y cinco por ciento de las veces que alguien usa esta palabra es para decir la frase reacio a ir al médico; el otro cinco por ciento es para decir yo no uso nunca la palabra reacio.

³ Non existing word

¹¹ ¿hasta dónde?

²² tras sucesivas quejas y demandas este término fue retirado del léxico médico y sustituido por la ya hoy en día popular tetraplegia

vOtaR esTa histoRia