DESPARRAMED IN THE CARRETERE


Había una vez una abuela inútil y nefasta. Su familia estaban hartos de ella, no servía para nada y durante siempre se estaba quejando y pidiendo favores y cagando encima. La muy puta se pasaba el día engullida en su sillón, tragando culebrones, criticando y remugando. Pero un buen día se le acabó el chollo.
El padre (su hijo) dijo basta, estaba hasta los cojones de ella. El resto de familia estuvo de acuerdo: tenían que deshacerse de la abuela. Pero no sabían cómo, meterla en un asilo era demasiado caro, no estaban para lujos ni despilfarros innecesarios. Así pues que pensaron que lo mejor sería cortar por lo macabro1: se la iban a cargar.

Pero llegada la hora no supieron cómo proceder. Si le machacaban el cráneo con un jarrón se toparían luego con el engorroso problema de deshacerse del cadáver2. Lo habían intentado también con veneno pero resultó que la muy puta era inmune a casi todo, un día le saturaron la sopa de sobre3 a base de mata-ratas pero la perra sarnosa de la abuela se la tragó toda y ni se enteró. La família al completo estaba desesperada, no sabían cómo fulminarla.
Y fue para aquel entonces cuando el niño tuvo una idea de genio: hagamos con ella lo mismo que con Jero. Jero era su perro. Bueno, más que era, Jero había sido su perro, ahora ya no lo era. Jero era un pastor alemán raza pura, lo compraron en una feria canina de no sé dónde y les costó un maldito pastón. Era un cachorro muy mono y todo eso pero a medida que fue creciendo fue soltando infaustas cagadas por toda la casa y al llegar a adulto soltaba ya unas pasteradas en medio del comedor mientras todos comían que hacían vomitar hasta al más macho. El maldito perro tenía la manía de ponerse a cagar mierda pastosa en medio de la alfombra mientras ellos comían y tenían la boca llena, era un hijo de puta. Aquello no duró mucho. Un fin de semana le metieron en el maletero del coche como aquel que se lo lleva a la playa y lo soltaron en medio de la autopista, aquí podrás cagar todo lo que quieras, dijo el padre con mala leche mientras cerraba la puerta y aceleraba y se marchaba. El chucho no duró ni cinco minutos, fue arrollado por el arrollador por excelencia: el camión cisterna. Un enorme camión-cuba con pegatinitas fluorescentes de mercancía peligrosa que circulaba a casi doscientos por hora sorprendió a Jero y no le dio opción. El pobre perro había sido abandonado y pululaba por el asfalto en busca de algún rincón en el que agazaparse (y cagar). Nunca llegó a encontrarlo, fue arrollado y desparramado vivo por un camión cisterna. La operación perro muerto había sido un éxito, a partir de entonces todos comieron más tranquilos.

Pues bueno, resulta que el niño sugirió que con la abuela hicieran lo mismo que con el perro, que la soltaran en plena autopista y que a partir de ahí la naturaleza siguiera su curso. Pero resulta que aquello no era tan sencillo, la abuela chocheaba ya pero aún era capaz de ver venir los coches y esquivarlos. Tomaron medidas.
Maniataron a la vieja puta y la cargaron en el maletero. Se metieron en la autopista y al llegar a un tramo que les pareció bien, le pegaron puñetazos en los ojos hasta que les sangraron los nudillos y luego la soltaron y la abandonaron a su suerte. Antes de ello se aseguraron de que no pudiera ver nada: tras hincharle los ojos a manotazos se los regaron con sal y pimienta y también le echaron lejía y fango, se ensañaron bien ensañados. El padre quería añadir polvo de vídrio a la mezcla pero le fue prohibido por la madre, ésta apeló a su misericordia y le recordó que ellos no eran unos bárbaros y que aquello no lo hacían por diversión sino para deshacerse de de lo que al fin y al cabo era un ser vivo al que la vida ya rechazaba por abuso de longevidad.
La vieja lógicamente no veía nada que no fuesen las estrellas, parecía una especie de abeja maya vestida de negro y con los ojos hinchados hasta reventar, le dolían horrores, rabiaba como una puerca disecada. Tras cagarse en todos sus familiares se puso a deambular por la autopista perdida como un zombi. Iba con los brazos extendidos para adelante así como para no chocar contra nada. Lo que no sabía era que la muerte no la iba a acometer de frente sino que había decidido abordarla por banda.
Resulta que por allí pasaba la caravana de una feria de esas penosas que van de ciudad en ciudad cuando hay fiestas patronales y que están llenas siempre de gitanacos de mierda y que son una porquería si no vas borracho. Era una fila enorme de camiones, cada uno cargaba con una atracción diferente. La abuela no veía nada, por ello no se enteró de que estaba en medio. El conductor del camión de "El tornado feliz" pensó que la abuela ya se apartaría y no aminoró. Pero la abuela no se apartó y la enganchó de costado y se la llevó por delante. La revolcó más y más, se quedó enganchada por entre los engranajes de la panza del camión y fue arrastrada durante cinco largos kilómetros. Durante el recorrido la vieja se fue desintegrando cual aspirina efervescente, llegó a sufrir lo indecible y también lo abominable. Acabó esparcida por el asfalto de la autopista.
Su familia denunció su desaparición en voz baja. Nunca fue encontrada pues los buitres y las ardillas dieron buena cuenta de sus restos. De hecho, nunca fue encontrada porque nunca fue buscada, a nadie le importaba un carajo el que aquella vieja puta se perdiera o se dejara de perder.

FIN

1 variante de cortar por lo sano ampliamente extendida por la España rural de principios de siglo

2 sin duda alguna la parte más fastidiosa, delicada y comprometida de un asesinato

3 ternera con estrellitas, sin duda la mejor de entre todas las sopas de sobre

vOtaR esTa histoRia