EL ESPECTADOR


Había una vez un tipo que siempre estaba viendo la tele.
¿Para qué viajar -decía- si con los reportajes de la tele veo todos los países?; ¿para qué tener novia si por la tele dan un montón de pelis porno?; ¿para qué leer libros si por la tele dan ochenta películas al día?; ¿para qué acudir al campo si por la tele veo todo el fútbol que quiero?.
El tipo tenía una parabólica de esas que le permitía ver doscientos canales.
Todo en su televisor, señor, con sólo apretar un botón podrá ver lo que usted quiera, navegar por Internet, realizar compras, obtener descuentos y optar a grandes premios. ¡No sea tonto señor, engánchese a la tele!.
Y el tipo se pasaba el día enganchado a la tele.

Hasta que un día algo raro sucedió.
Algo salió mal en la estación espacial Apolo algo1. Se vé que era una misión delicada. Por primera vez se mezclaron tripulantes rusos y americanos en un mismo viaje, en ese transbordador iba metida la crem de la crem de la astronáutica mundial. Querían poner en práctica la teoría según la cual el hombre podía llegar a vivir doscientos años sin hacerse viejo. Dicha teoría se basaba en complejos teoremas físicos que ahora no voy a explicar2.
¿El resultado del experimento?: catástrofe.
Se ve que por allá en las alturas los astronautas empezaron a pelearse los unos con los otros. Los americanos decían a los rusos que eran unos cretinos y unos miserables y los rusos les respondían que ellos eran unos bastardos comedores de mierda y que lo único que sabían hacer era jugar al fútbol americano y meterse banderitas americanas enrolladas por el culo.
Llegaron a las manos. Puñetazos, patadas y de todo.
Y luego llegaron a los muebles. Se pegaban con lo que tenían a mano: taburetes, grapadoras, cafeteras... en estado de gravedad cero cualquier objeto por pesado que sea en la Tierra se convierte en un ideal utensilio para machacar cabezas.
Hubo trece muertos y dos tarados irreversibles.
Precisamente uno de estos dos tarados fue el que, en pleno forcejeo, tocó con el culo la palanca del cañón de futones3.
Desgraciadamente el cañón estaba apuntando a la Tierra, justo sobre el polo norte.
Se disparó un rayo equivalente a una descarga de dos billones de futones. Consecuencia: el polo norte se vio fragmentado en millones de icebergs.
En la Tierra cundió el espanto. Según los cálculos, todo aquel hielo, una vez esparcido, no tardaría en derretirse más de un par de meses.
Pero lo cosa no acabó aquí. Porque los subnormales seguían peleando allá en el espacio. Y mira tú por donde que volvieron a tocar la palanca sin querer.
Y esta vez dio en el polo sur.
Otro deshielo.
La atmósfera terrestre comenzó a oler a mierda sólo de la gente que se cagó encima nada más ver lo que estaba pasando.
Antes que nada, el mandamás, el señor presidente de los Estados Unidos de América, ordenó que el Apolo algo fuera destruido. Quizás esos inútiles hayan acabado con la Tierra, decía, pero que no piensen que ellos se van a librar.
Se lanzó un torpedazo desde Cabo Cañaveral y el Apolo algo fue derribado. Saltó en mil pedazos. Ahora el presidente ya estaba más contento. Era un hombre inteligente, el señor presidente.
Pero bueno, mientras tanto el tipo del que os hablé seguía mirando la tele: en estos momentos daban una peli de Estíben Sigal, su actor favorito.
El hielo se deshacía, los científicos no se cansaban de asegurar que faltaba menos de un mes para la gran inundación.
Ante la perspectiva de que el mundo se iba a la mierda toda le gente se volvió loca. Empezaron a reventar escaparates y a robar teles y videos y ordenadores. Eran tontos. Era el caos.
Mientras tanto el tipo seguía mirando la tele. La peli de Estíben Sigal había terminado pero ahora disfrutaba de un estupendo noticiario:

"Todo va bien, todo de puta madre, sepa usted que vive en un mundo precioso y perfecto y que los gobiernos están en constante búsqueda de fármacos y potingues que le harán a usted la vida aún mucho mejor".

Eran unas noticias estupendas, no había de qué preocuparse. Por supuesto que en las noticias no decían nada del cañón de futones ni del rayo ni del deshielo... eso sólo lo sabían los que lo habían visto por la ventana de su casa. Los otros, los que estaban mirando la tele, esos no se habían enterado de nada. Y así pasó lo que pasó.
Se montaron centros de reparto de escafandras y trajes de buzo. Pero no se disponía de material suficiente, mucha gente se tendría que joder.
Por supuesto los políticos, los sacerdotes y la gente de pasta fueron los primeros en tener asegurado el salvavidas. Se ha hecho por sorteo, dijeron.
La gente que sabía lo que estaba pasando corrió hacia esos centros antes de que se terminasen los trajes de buzo.
Y los que no sabían nada pues no hicieron nada.
Como nuestro amigo, que se quedó sentado felizmente en el sofá viendo una edición húngara de gran hermano.
Y llegó el agua.
Y los que se habían preparado porque estaban al tanto de lo que realmente pasaba en el mundo pues se salvaron.
A nuestro amigo la inundación le pilló viendo un reportaje de coches de carreras en la tele.

Murió ahogado. Como todos esos que nunca miraban por la ventana. Como todos esos que vivían mirando siempre hacia donde los de arriba decían que se tenía que mirar. Como todos esos que nunca se enteraban de lo que pasaba realmente en este mundo porque andaban a ciegas por él. Cuando llegó el agua: todos ahogados. Como ratas.

FIN

1 Apolo Mierda por ejemplo
2 si a alguien le importan es que se ha equivocado de libro
3 que ningún calculín se me retuerza, eso de futones no sale en ningún libro de física porque no existe, simplemente es una tontería que me acabo de inventar para rellenar la frase.

vOtaR esTa histoRia