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MAS VALE HACHA EN MANO QUE EN CABEZA
Había una vez dos tipos llamados Bob y Tob. En pleno invierno se fueron de excursión a las
montañas y como no llevaban ni una miserable brújula se perdieron.
Tuvieron la suerte de encontrar una cabaña abandonada, les serviría de cobijo, pensaron.
Entraron y tras inspeccionar la chabola de arriba a abajo sólo encontraron una caja de
cerillas y un poco de comida enlatada. Bueno, también había un hacha.
Se durmieron como troncos. Pobres inocentes, no sospechaban que la misma cabaña que les
sirvió de improvisado refugio iba a convertirse en su propia tumba.
Al despertarse les esperaba una buena sorpresa: había nevado mogollón y la casita se había
quedado sepultada bajo la nieve. En un primer momento el pavor les devoró las entrañas:
¡iban a morir enterrados vivos!, qué horror. Pero enseguida utilizaron la cabeza y
pensaron que solamente tenían que esperar a que el sol derritiera la nieve y podrían salir de allí.
Tenían comida (mucha) y luz (no tanta). Lo que los dos capullos en realidad no sabían era
que en la superficie, lejos de salir el sol, la nevada seguía cayendo, más intensamente
si cabe que durante la noche. Además los meteorólogos auguraban fuertes ventiscas y
tormentas por aquella zona durante los próximos meses: Bob y Tob la llevaban clara.
Pasaron un par de días y ya escaseaba todo. Estaban casi sin cerillas ni comida y además
allí dentro olía a mierda pues habían tenido que cagar en un rincón de la cabaña. Era
patético.
Llegado el tercer día empezaron las escaramuzas. Se peleaban por la poca comida que
quedaba, ahí empezó la barbarie.
Esa noche Tob se despertó mientras Bob dormía. La comida estaba encerrada en un armario
cuyas bisagras chirriaban de mala manera, era imposible abrirlo sin que el otro se
despertara. Lo que sí se podía abrir era el cajón donde se escondía el hacha de leñador.
Tob dudó unos instantes y pensó:
¿Pero qué diablos estoy haciendo?, debemos controlarnos un poco, estoy seguro de que nos
sacarán de aquí. Bob es mi amigo, ¿cómo he podido ser capaz de pensar tan siquiera en... ? -
cerró el cajón del hacha y volvió a la cama.
Instantes más tarde se despertó Bob. Él lo tuvo más claro, se fue directo al cajón y sacó
la destral. Miró un instante a su amigo Tob: estaba ahí dormido boca abajo, tan inocente,
tan tranquilo. Pero aquel ya no era su amigo, la situación era precaria, las cosas habían
cambiado. Alzó el hacha y se la clavó en todo el cráneo. Se oyó el mismo ruido que se oye
al abrir un coco (al abrir un coco con un hacha). El cuerpo de Tob se quedó tumbado en la
cama boca abajo, inicialmente con convulsiones, luego ya en reposo, frío, muerto.
Bob había hecho una doble jugada: por una parte se quedaba con la comida restante y por
la otra se podía comer el cadáver de Tob y así aguantaría unos días más allí dentro.
Tuvo suerte, pasadas unas semanas y cuando ya iba por la cintura de Tob (se había comido
ya las dos piernas), llegaron los forestales y le sacaron de allí. Había sido una
experiencia traumática, toda una pesadilla. Le montaron en el gip y se largaron de allí.
Pero no cantes victoria Bob, aún te queda lo peor.
Bajando de la montaña encontraron dificultades: la carretera estaba llena de escarcha,
resbaladiza a matar. El experimentado conductor perdió el control y se estamparon contra
un pino centenario. Los dos forestales murieron en el acto: uno se clavó el volante en la cabeza
y el otro incrustó su cara en el salpicadero. Bob salió disparado por una ventana con tan
mala suerte que se precipitó por un barranco de seiscientos metros (¿quién da más?).
La caída fue dura y penosa, iba revolcándose por la ladera (llena de pedruscos y
matorrales) al tiempo que iba perdiendo miembros (un brazo, una pierna...). En una de
esas volteretas le saltó la cabeza, aquello ya no tenía remedio: iba a morir.
Quedó desparramado por toda la pared del barranco, la recomposición del cadáver fue
laboriosa como pocas. Lo que nunca se supo fue dónde coño habían ido a parar las
piernas de su compañero, de Tob, cuyos restos encontraron medio podridos en la cabaña.
FIN
vOtaR esTa histoRia
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