MI ENCUENTRO CON UN SERRUCHO


Había una vez un hombre que paseando por la calle, mira tú por dónde, se encontró con un viejo serrucho abandonado. Enseguida se quedó prendado de él, le fascinó tan vetusto armatoste. Lo empuñó y sin más dilación decidió darle uso. Tras un periodo de lógica meditación optó por comenzar a serrar miembros, aquello era lo ideal, aquello era lo genial.
Abordó a un indefenso viejecito1. El abuelo iba a la deriva, agarrado a la pared y apoyado en su gayato. Se dirigía a la panadería de enfrente, iba a comprar alguna chuchería para sus nietos. Pero no pudo ser. El hombre del serrucho lo pilló por banda y lo troceó al son de un alegre zig-zag.
Luego le siguieron otros muchos más, iba cercenando por ahí, aquella calamidad parecía no tener fin. Pero sí lo tuvo. Finalmente aquel hombre se cansó de tanta amputación, le dolía el brazo de tanto mecer el serrucho. Lo tiró a una papelera y se marchó a su casa. Fue una bonita experiencia en su vida, estuvo bien mientras duró.
Pero recordad amigos, por muy divertido que sea algo, siempre acaba cansando. Y cuando llegue ese día en el que os topéis con algo de lo que no os cansaréis jamás, entonces significará que os habéis hecho mayores, significará que no vais a buscar más y que os conformáis con lo que ya tenéis y no más.
Rezad a quien queráis para que ese momento no llegue jamás.

FIN

1 En castellano se llama vejete pero por mí ya le pueden dar por culo, yo pongo lo que me da la gana

vOtaR esTa histoRia